Viernes, 17 de junio de 2005
Qué me impresiona a mí.
Qué tienes que hacer para llegarme al alma.
Cómo puedes conseguir que algunas de las células que hacen latir mis entrañas, lleven tu nombre...
Puede ser cualquier cosa. Me conformo con poco.
Un balón colgado que al final traspasa la línea cuando ni siquiera lo planeaste así.
La forma en la que juegas con tu mascota.
Una mirada que no te habías atrevido a dirigirme hasta ahora.
Que me cuentes algo que te perturba en este mismo instante y que nunca volverás a contar de la misma forma.
Que no tengas miedo de correr con una bandera blanca entre las dos trincheras.
O lograr que tus alumnos rompan las barreras corteses de tu clase magistral y entren en un debate de persona a persona, y no de currículum a currículum.
Esa mano que presta me tenderás cuando me encuentre en el lodo, traicionado por la apariencia de lo no-aparente.
Esos acordes que torpemente me tocaste, y que no desentonaron con mi anómica voz.
Ese mensaje que telegrafiaste hasta mi horrible teléfono, cuando estaba a patadas con el mundo.
Esa mitsvah personal que conseguiste que llevara a término, con sólo alguna palabra de aliento que salió limpia de tus pulmones.
Esa previsión que superaste, sólo porque querías ver hasta dónde puede llegar una existencia plena de vida pero necesitada de alforjas.
Esa sonrisa que compartimos cuando ya estabas entre rejas, y tu abogado llorando en un rincón.
Esa idea que llegó a tu mente sólo por estar conmigo, sin tener que venerar a ningún dios, endiosar a ningún ídolo, idolatrar algún producto de consumo o consumir alguna fruta prohibida.
Porque tú alucinas sin alucinógenos, y eso me impresiona. En estos días en los que la vida me brinda las últimas gotas de la botella del proselitismo, me acuerdo de esas otras ocasiones en que tú me has hecho sentir bien, y me remuerde la conciencia al pensar que quizás no pude provocar en tí el mismo cosquilleo.
La insincera parafernalia con que se disfraza el desarraigo, me sedujo durante un corto viaje de placeres pasajeros y una trascendencia imposible. Cuando la vagoneta de feria se detuvo, me vi solo, encerrado en la cueva mientras que todos los que antes me acompañaban ya habían regresado al interior de sus cápsulas. Porque sí; ellos también necesitan un hogar en el que cobijarse y yo, que sólo quiero encontrar a la persona y ver qué tiene dentro, volví a darme de bruces con la mole amorfa, esculpida por todos los esfuerzos deshumanizadores del homo sapiens.
Esa desconfianza en el semejante que un día albergué, parecía haberse disipado después de tomar un par de caramelos anestesiantes, pero, ¡ingenuo de mí!, cuando desaparecieron de mi garganta y a ella regresaron las voraces flemas, volví a maldecir mi suerte y a sentirme culpable porque algunas de las cosas que te conté, resultaron ser mentira una vez más.
Fuiste un día celulosa, y hoy eres obsoleto amasijo de silicio, aunque yo me dirijo a tí como a un pedacito de cada persona a la que conozco.
Hoy como ayer me das una palmadita en el hombro y vuelves a repetirme esos consejos pesimistas que sólo pueden proceder de esa parte de mí que no me gusta. Pero hoy, como nunca pude hacer ayer, te digo que en el fondo de la cuestión... estás equivocado.
Equivocado porque, en medio de un tumulto incontrolado como el vuelo de los murciélagos en la fuente de las Batallas, encontré casi al final de mi travesía algún destello de sentimientos desinteresados, compasión espiritual, y quién sabe, quizás el humanismo auténtico que llevo tiempo buscando sin saber siquiera si existe. Me vi en ese trance cuando menos lo esperaba; arrastrado, perdido, a oscuras, y de repente intuí una luz... aún estoy impresionado.
He escrito todo esto porque estoy hasta las pelotas de ciertas cosas. En fin, habida cuenta de que en mi primer show ya pesaba 4 kilos 650, puede decirse que llevo toda la vida estando hasta las pelotas.
Supongo que ya nadie se preguntará por qué voy cada dos semanas al campo de Los Cármenes, o cómo es que no me he echado novia todavía... No soy masoquista. Sencillamente, quiero sentir y no experimentar.
Ya sé que hay muchas personillas que sin pensarlo lo dejarían todo para alistarse en mi bando. GRACIAS; el solo hecho de saberlo, me impresiona. Pero no será necesario porque jamás me dejaré arrastrar hasta una guerra.
Ya sabes que a mí también me tendrás de tu lado en cuanto me lo pidas. Mientras tanto, seguiré buscando quién sabe qué. En cada concierto, a cada rato y en cada palabra. Piensa en mí cuando te hayas perdido, y allí me encontrarás.
DEDICADO A TODO EL QUE SE SIENTA ALUDIDO.
Por: CdelaV | Otras coserías | Nos echamos unas birras, 2 concretamente | Referencias (0)
Si consigues hacer rimar todo eso, tendrías la letra de una (o varias) grandísimas canciones! :D.
... como te llegó la inspiración? todas las metáforas son metáforas propiamente dichas? hay algún significado oculto? .... y lo 'peor' de todo... NO HAS METIDO NINGÚN CHISTE!!! (Aunque no era el lugar del post, sea dicho de paso).
DrWinpig | 20-06-2005 22:32:29
Todo se andará, Doc... En verano caerán chistes y muchas más cosas, cualquiera sabe qué puede salir de este heterodoxo blog.
La mayoría de blogs se hacen sin una idea definida de su contenido., para que el que los crea hable de cualquier cosa que se le ocurra; en cambio este se creó para algo bastante concreto pero por ahora le estoy metiendo de todo.
Respondiendo a tu pregunta, no todas las metáforas son metáforas; sólo las más "descaradas" o aquello que parezca demasiado enrevesado para ser real. El resto, es jugar a simular una percepción alterada de la realidad.
Por cierto, gracias por comentarte argo hombre. Últimamente la gente no aparece mucho por aquí... como si estuvieran de exámenes. ¿Será verdad?
ColegadelaVega | 20-06-2005 23:15:00

Birra con ginebra, o el Diario de Diego Jones ("porque no hace falta tener 30 años pa coquetear con la alopecia") es la libreta virtual donde espero ir relatando experiencias fruto de mi inmersión en el rock 'n roll, de la mano de una banda: ANATOLIA
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