Miércoles, 07 de diciembre de 2005
Fecha: Viernes 2 de diciembre de 2005. Por la noche.
Lugar: Sala Industrial Copera.
Precio: 11,5 euros (salió a 50 céntimos cada canción, según un cálculo de mi primo).
Fotos: Todas sacadas de Indyrock, pa variar.
Sí, mi página va por buen camino.. Por fin una colaboración, y proviene nada menos que de mi primo Pepe, mundialmente famoso por haber dado nombre a ésta bitácora (sin él pretenderlo, todo sea dicho). Disfrutadla, porque es netamente mejor que los comentarios y reseñas que yo suelo hacer, y también mucho más larga. Ya de paso, podréis descansar un poco de mi sentido del humor característico, y deleitaros con el suyo, mucho más negro y corrosivo. Bien, pues la crónica empieza... YA
El chirrido de la multitud
Y hay quien se empeña en creerse Paul McCartney, hasta el mísmisimo Paul McCartney todavía se cree que es el mismo, que diría si viera al nuevo McCartney “cutre” en su territorio : La Copera de toda la vida ; con unos quinientos fans cuarentaañeros lamiéndole el culo. En fin, como siempre he pensado, Granada es la Liverpool española y ese día lo demostró, aunque solo seamos unos cuantos los veinteañeros gritones, la mayoria feos y otros caóticos, que fuimos a su concierto. El “maestro” nos mostró su cualidad de músico ya post-moderno : de nostalgia superada con increíbles versiones de los cero, entre las que estaban “Que Fue del Siglo XX”, ésta ya alcanza los tonos gospel que pocos nos imaginábamos, “Esta Noche”, en su lado más punk (después del concierto empezaron a sonar, supongo que por orden de Lapido, los Clash), “En el laberinto”, más decadente que nunca, “Zapatos de piel de Caimán” la nueva incorporación a su repertorio de canciones de texturas desteñidas, tan inesperada que pasó desapercibida.
La formación que las tocaba tiene algunos cambios desde que abandonara el proyecto el arquitecto de la batera Antonio Lomas, que, aquejado quizás de una crisis de identidad, abandonó la formación de Lapido, incorporándose en su lugar el preciso Popi González. Acompañan ahora a Lapido éste, Víctor Sánchez a la guitarra (que fuma y toca al mismo tiempo, y además hace cosas más dificiles que Lapido, según se comentaba por allí), Raúl Bernal a los teclados, y Sergio Martín, que se va : ¿ quién lo sustituirá ?, yo me presento candidato. Personalmente apuesto por la vuelta de Álex Bedmar, de Hora Zulú, y a lo mejor hasta vuelve Antonio Arias, pero no creo que Lapido esté de acuerdo. Sigue leyendo la crónica
Al tratarse de un concierto de presentación del nuevo trabajo de José Ignacio García Lapido, estuvo lleno de canciones de “En otro tiempo, en otro lugar”. Desde el principio deconstruyó éste su mejor álbum para adaptarlo a las limitadas posibilidades del directo, y vimos como añadía nuevas partes a los arpegios e intros de canciones como "Escrito en la ley", "Bellas mentiras", “En otro tiempo en otro lugar”, a la que le cambió “de olvidos y de superstición” por “en otro tiempo y otro lugar”, tal vez porque nos daría la clave de su personalidad o porque le pareció menos adecuado.

"De espaldas a la realidad", "La antesala del dolor", “No digas que no te avisé”, tan suya en su existencialismo mezcla de lo perfecto y lo imperfecto, las chispas cañeras de “Más difícil todavía” o “Rincones secretos”, llena de ladridos que le hacen buscar su interior y la existencia errante, abandonando la apuesta por el más fiable sueño melódico ; son todas buenos ejemplos de rock esquizofrénico y poco excitante, un tanto en desacuerdo con lo que habitualmente escuchamos en la Copera.
Menos mal que en el primer bis se nos calentó y comenzó a liberar nuestra cabeza de la alienación que nos gustaría tener, con los acordes ambient, un tanto de tonos azul chillón, de Agridulce, para luego darnos el contraste con un estribillo que es el clásico desvarío naïf de todo cantautor asentado, siguiendo los pasos de Tontxu y tantos otros. En aquel interminable concierto, los descansos de los músicos de la banda, fueron aprovechados por José Ignacio para deleitarnos con baladas, él y Raúl Bernal al piano, mostrándonos su faceta verdaderamente sensible artísticamente, así, “Por sus heridas”, “Con la lluvia del atardecer” o “Cuando la noche golpea el corazón”.

Para hacer justo el precio del concierto, 11,50 euros, tuvo que completarlo con 2 canciones de “Luz de ciudades en llamas”, que me pillaron en el servicio esnifando, y dos de los “Ladridos del perro mágico” : las dos mejores sin duda, las más fieles a sí mismas en el disco y las que tienen menos aire de remake, punteos y arpegios con un sonido lleno de imaginación, letras de compromiso literario, y coherencia melódica hechos para el directo lapidiano : “Sigo esperando” y “Cuando vuelvan las palabras del exilio” : chulería rockera en estado puro.
Otra vez más Lapido nos hizo creer que se elevaba sobre nosotros, para hacernos comprender que no hay otra posibilidad de huir del chirrido de la multitud, aunque cuando se bajó del escenario y estaba en el Ruido Rosa tomando unas cervecillas, también demostró que la armonía es un bien difícil de conseguir y él la ha conseguido, aunque siga oyendo el chirrido de la multitud “hablando en sueños”.
Por: CdelaV | Conciertos | Nos echamos unas birras, 1 concretamente | Referencias (0)
El chirrido de la multitud en la acera de la pantalla:
Todos sabemos lo que es cantar desafinado. A veces es todo demasiado aburrido y la única diversión que encuentro es la música, escucho música mientras trabajo, entonces suelo poner la radio, o escuchar algún grupo de rock puede ser lo mejor ; para eso ya me pasé varias horas en la tienda de discos mirando entre copias de discos rayados del 73 el mejor que tengan de cualquier grupo de esos que ahora los adolescentes estudian en el instituto. También mientras estoy en mi apartamento escucho música, o en la cocina, suelo llevar puestos los auriculares y mi soporte favorito es el CD, aunque a veces pienso que podría existir un tocadiscos portátil que no pesara mucho, además quedaría muy fashion, una especie de moda retro que volviera a poner en venta los vinilos en casa del diseñador, al menos. Podría ser una idea mucho más importante que la de los Karaokes que ahora arrasa la vieja Europa (y Japón), cuando está enferma del mal del siglo XX, como una flor de la cultura de entretenimiento. La verdad es que ese mal también me afecta a mí, esto es el mal del Karaoke, transfigurado en unas enormes ganas de poner mi garganta al nivel de cualquier cantante, en especial si canta poesías de algún poeta. Y es entonces cuando el ser alado que llevo dentro surge y convierte la “Aurora de Nueva York ” de Enrique Morente en otra música superpuesta sobre la del poeta que escribió el texto, que es Federico García Lorca, una música con un ritmo nuevo, siempre o casi siempre, una melodía que se escapa de todas las leyes sónicas, como la música de Erich Zann, el violinista pequeño y enjuto, desconocido, que hizo a Platón acordarse de la poesía en sus diálogos. Soy incapaz de cantar mientras escucho la voz de Enrique Morente igual que canta él, dicen que desafino a caso hecho, mientras, lo que en realidad estoy haciendo es crear, buscar algo nuevo, al contrario de lo que hace la gente, y esto me ha llevado tan lejos que cuando la inspiración me posee cada uno de los ritmos que oigo y luego imito me vienen ya, antes de cantarlos, o desafinarlos, previamente desafinados o desentonados, sobre todo si el que canta es un dios, o lo han promocionado, o viste, o actúa como un dios o como un visionario. Soy un ser especialmente dotado para la música, aunque digan que nunca escribí una canción, tal vez mi oído esté ya por encima, hasta hacerme oír el chirrido de la multitud.
El primo Pepe | 23-04-2006 04:26:07

Birra con ginebra, o el Diario de Diego Jones ("porque no hace falta tener 30 años pa coquetear con la alopecia") es la libreta virtual donde espero ir relatando experiencias fruto de mi inmersión en el rock 'n roll, de la mano de una banda: ANATOLIA
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