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Birra con Ginebra

Lunes, 07 de abril de 2008

Fotillos...

Este es otro de esos posts un poquito más personales, que probablemente no le importan a nadie, y a los que siempre trato de dar un título que llame la atención.
Aunque en general no lo consigo. Y es que hay veces que, de pronto, me pregunto qué pinto yo participando en este fenómeno masivo de exaltación del ego, que llamamos weblog / web 2.0 / otras variantes.
En fin, esta historia la voy a contar aunque no la lea nadie...

Resulta que yo nací en un pueblo llamado "(sólo) Palomas", que bordea el límite noroccidental de París, por la parte externa. Es un pueblo bastante gordo (80.000 habitantes), y es que, de hecho, administrativamente, no un es pueblo, sino una comuna. Y, su nombre por lo visto no deviene etimológicamente del animal propiamente dicho, sino de la masiva edificación de palomares en el lugar, allá por el siglo XII. Palomares grandes, altos y redondos, como molinos de viento, los cuales, si alguna vez existieron, ya no se conservan. Ni tampoco las aves que los habitaron, tienen ya mucha presencia por allí.

La cuestión es que esta comuna está a un cuarto de hora de la casa actual de mi padre. Así que, de una vez por todas, me decidí a visitarla un poco más a fondo. Armado con mi cutre-cámara de mierda, como no podía ser de otro modo.



Aunque fuera esta ciudad la que me viera llegar al mundo, yo tendría apenas dos años cuando nos vinimos a vivir a Granada. Así que, aunque mis primeras palabras después de mamá fueron en francés, no puedo decir que conserve en mi mente ninguna estampa, que pudiese asociar con mi primera infancia en el país vecino. En realidad, mis primeros recuerdos clasificables pertenecen justamente al año siguiente, el 85.

De modo, que un buen paseo por Colombes supondría sin duda un recorrido de sorpresas. La primera, y más destacable, fue el hallazgo de las ruinas que podéis ver en la foto de más arriba. Pertenecen a una iglesia tan antigua como la propia ciudad, que fue edificada sobre un cementerio merovingio, y supongo que podemos considerarla como una imagen representativa del lugar.



A pesar de que esta placa conmemorativa del general de Gaulle que véis, se encuentra a escasos treinta pasos de las ruinas, lo cierto es que no fue ningún bombardeo de la segunda guerra mundial lo que destruyó la iglesia, que por aquel entonces aún se encontraba en pie. Eso sí, se estaba cayendo a pedazos, hasta que en el 68 la echaron abajo casi en su totalidad, para ampliar la rue Verdun.



También fue inesperado comprobar que el ayuntamiento de Colombes -sobre estas líneas-, se encuentra en la misma calle en la que yo dí mis primeros pasos.
Es una calle la mar de curiosa, que, en su serpenteante trayectoria, lo mismo se ensancha y se funde con plazas y espacios públicos, dando acceso a centros neurálgicos y grandes urbanizaciones, que se estrecha endiabladamente hasta devolverte a la sensación de estar en el típico pueblecito francés rural , con sus características viviendas unifamiliares y pavillons.



...Y, para terminar, una foto de la primera casa que habité, en la misma calle pero doscientos metros más adelante. Vivíamos en el bajo, y nuestras ventanas eran las que están frente al cuatro latas y al Peugeot 306 que véis aparcados.

Esa casa tenía un secreto, pero no lo pienso contar. Era un secreto, ni bueno ni malo.
Si acaso, me lo dejaré para una próxima ocasión, así como la visita al estadio olímpico Yves-du-Manoir, al que no tuve tiempo de ir. Este estadio albergó la mayor parte de los juegos olímpicos de París de 1924, recreados posteriormente en la película Carros de Fuego, rodada en el mismo estadio. También fue sede del Mundial de fútbol de 1938.
Hoy día, aunque sigue en uso, la mayor parte de sus tribunas han sido derruidas. Está previsto que lo echen abajo entero, para construir uno nuevo en el mismo emplazamiento. Espero llegar a tiempo...



Dulcis ascendo pertinax volo

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Birra con ginebra, o el Diario de Diego Jones ("porque no hace falta tener 30 años pa coquetear con la alopecia") es la libreta virtual donde espero ir relatando experiencias fruto de mi inmersión en el rock 'n roll, de la mano de una banda: ANATOLIA

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