Martes, 11 de noviembre de 2008
[+Pink Satura]
-Fecha: Jueves, 16 de octubre de 2008.
-Hora: A las diez menois cuarto, aproximadamente.
-Lugar: Sala Industrial Copera
-Precio: 20€.
-Videos: Muchos fueron grabados. Por suerte, la tribu alternativa de Graná (mucho más que simples popis), son gente enrollada y se llevan sus cámaras, y luego suben sus vidrios.
Gracias a roma4604, ohlaluna y herojuanma. El sonido es tan bueno en algunos casos, que creo que me los voy a bajar para tenerlos de recuerdo.

Hay, en el corcho de mi cuarto, una serie de espacios reservados para colgar las entradas caras de los grupos y artistas así más famosetes a los que, de cuando en cuando, también voy a ver. Cuando supe, hace meses, que Nada Surf abanderados por excelencia del sector indie y máximo exponente del power pop yanki, volvían a Granada, creo que tres años después de su última (¿y primera?) vista, ya entonces pensé que sería una ocasión inmejorable para enriquecer esa sección de mi corcho, puesto que la iba teniendo un poco abandonada, como en general todo mi catálogo de vivencias.
Justamente venían a presentar su último album, Lucky, publicado hace pocos meses. Yo, que tengo en mi poder casi toda su discografía, pero el Lucky me lo baje sólo la misma tarde del concierto, aunque ya conocía algún tema, me vi incitado a devolverles algo de lo que me habían proporcionado a lo largo de estos años. Que tampoco es tanto, porque no es que me haya pasado el día escuchándolos, pero bueno.
En realidad, aún recuerdo cuando hace una década, el Guillem Caballé puso en su programa el video de Popular. También recuerdo cuando mi abuelo me dio mi primer Werther's Original, porque debió ser por la misma época... no te digo, cuidao con los cojones... ya está contando batallitas, el rancio pedantorro, este.
En fin, que entonces me debieron sonar a chino; claro, no tenía ni zorra de nada... curiosa la vida, y las vueltas que da. Mírame ahora, sigo sin tener ni zorra, pero voy a un concierto de Nada Surf y por eso soy guay. Pero no tenéis que darme las gracias por dejaros existir, pobres mortales (h)
Así que me aventuré a La Copera, después de haber llamado por teléfono a la sala a mediodía, momento en que me aseguraron que empezaría a las 21h. Por aquel entonces yo pensaba que no había teloneros, y gracias a que temía perderme algo, conseguí llegar casi a las y media, lo cual me dejó a la postre unos pocos minutos de margen antes de que empezara la música. Puntual tres conciertos seguidos, un hito sin precedentes por mi parte.
Era la cuarta vez en mi vida que iba a esta sala, pero la primera en que fui solo. La última visita fue por la final del Emergenza 2006, a la que no hice crónica porque me dejó un poco frustrado. Por eso y por mi intrínseca gandulería, naturalmente.
No me compliqué la vida, dejé el coche en el parking-descampado, y compré mi entrada, sin escandalizarme demasiado por los 4€ de "gastos de distribución" (un sobreprecio del 25%, que ya está bien para ser en la puerta de la sala). No había ninguna cola, y al entrar, me sentí reconfortado pensando que todo iba saliendo bien. Realmente, en el momento de cruzar la puerta ya había cometido dos errores.
La Copera es un lugar con muy buen sonido y donde todo parece estar muy bien organizado, y también un poco burocratizado. Los tickets para las bebidas son buena muestra de ello. Enseguida me dí cuenta de que iba a pasar algo de calor allí dentro y quise ir a dejar la sudadera en el coche, para librarme del engorro que supone; y fue así como me enteré de que no dejan salir de la sala. Cuando ya has entrado, no hay vuelta atrás, a no ser que quieras perderte el concierto, claro.
Justo después quise comprar tabaco, algo que presumía posible y que no hice al salir de casa por no perder tiempo. Al dar con la maquina me sorprendió un frío cartel de "no funciona", probé a preguntar en el puesto de los tickets si allí vendían algo de fumercio. No era el caso, y además argumentaban que junto a la puerta había un aviso -en el que yo obviamente no reparé- anunciando la circunstancia.
No me gusta tanto un concierto sin cigarrillos, pero era culpa mía por no poner atención ni previsión. De todos modos, cuidado, no empecemos a copiarles a los franceses la exhaustividad del rigor normativo.
Ahora, sólo me quedaba esperar a que empezara Nada Surf, pero había un par de detallitos que no cuadraban en mis cálculos: por una parte, una segunda batería en el escenario, colocada delante de otra más grande, tapada y puesta sobre una tarima. Por otra parte, Daniel Lorca, el bajista de los Nada, estaba en la barra charlando tranquila y amigablemente con un par de individuos. Como muchos sabrán, este hombre es fácilmente reconocible por sus espectaculares rastas, y esa chupa de cuero que a él le gusta llevar. En perfecto castellano, le comentaba con vehemencia a sus colegas algo de "debate", "ocho menos cuarto" y otras frases, inconexas a mis oídos, que luego cobrarían sentido forma insospechable. Acordaos del detalle.
En fin, que allí estaba el tío, y que los que por allí estábamos pidiendo nuestras cervezas no le importunábamos, aunque probablemente le mirásemos como quinceañeras hormonadas, proyectando la admiración reservada sólo a quien se la merece por personalidad y veteranía.
Fue al examinar bien mi entrada -muy sosa, por cierto, toda en negro-, cuando descubrí, en letrita pequeña, el nombre de Pink Satura, que me sonaba vagamente. Son grupo ciudarealense que ha ejercido de telonero en varios conciertos de esta minigira de los norteamericanos por España.
Con un cantante, dos guitarras, bajo y batería. Y con proyección, con premios, con finales y con cosas, que hace un pop alternativo cargado de sofisticación y artificios instrumentales. Aunque en su myspace aparecen como "indie/experimental/postpunk", y desde luego no se les puede negar una pretensión vanguardista, ni su incursión en el post-loquesea, que no me corresponde a mí decidirlo.
Envolviendo su sonido en multitud de efectos ambientales, y con guitarreo también alterado según la canción, su elaborada música me pareció de complicada utilidad tanto allí en vivo, como aquí en casa. No me imagino brincando y coreándolos, ni tampoco escuchándolos por gusto. En mi opinión están limitados por un handicap que, a su vez, es el principal rasgo distintivo del grupo, aquello de lo que te acuerdas después de pasadas unas semanas: la voz de pito del cantante. Un falsete aniñado-afeminado que sólo parece posible después de inhalado un globo de helio. Lo siento, pero es que así es muy difícil que te entren las canciones, y más aún entender la letra. O al menos, ese es mi caso.
El caso es que algunas hasta me gustan. Perfectos, o Como antes, con sus distorsiones, su melodía y ritmo animado. En otros temas adolecen de un notorio flematismo... no sé, en general diría que me gustaban más cuando me recordaban a los Niños Mutantes, y menos cuando parecían Los Planetas. Aunque tal vez sea lo mismo que digo siempre, sean cuales sean las influencias de la banda (relación cero, en este caso). Realmente no era descabellado tenerlos abriendo los conciertos de Nada Surf.
Un acople frecuente y molesto, así como el hecho de que no encontrar ni un video de su actuación en el tubes, pese a que hubo quien los grabara, me hace pensar que no fue éste su mejor concierto. De lo que no me cabe duda es de que tendremos más noticias de ellos por aquí, a fin de cuentas son un grupo indie pop, llevan una instrumentación de muchos quilates, y presentan ciertas peculiaridades que, desde luego, no provocan indiferencia. Aunque no llegarán a arrastrar a las masas.
Hi-Speed Soul
Después de los 30 o 40 minutos de Pink Satura, se iba notando más ambiente, aunque en ningún momento llegaría a reventar la sala. Los preparativos del escenario y el equipo duraron bastante, hasta que al final la gente empezó a arrimarse, impaciente, y se escucharon los habituales silbidos. Lo cierto es que los pipas ellos solos daban para otra crónica, por sus extrafalarias pintas de feriantes, por lo que decían al probar los micros (imposible adivinar cuál sería su lengua materna). Llamaba especialmente la atención el voluminoso pedal de guitarra, que sin duda hay que asociar a la deriva más reciente de este grupo. En sus primeros años, Matthew Caws básicamente tocaba a pelo, sin saber que acabarían perfilando un subgénero musical.
Por fin saltan a escena los tres músicos -sin contar al teclista, que permanecería un poco apartado-, y sorprende ver a Daniel sentado en una silla. Ante un público eufórico, abren con dos canciones del Let Go, Hi-Speed Soul y Happy Kid, muy recurrentes para ellos por ser rápidas, animadas, cadenciosas, sin complejidades. Lo mismo puede decirse de su primer éxito, Treehouse, que creo que sonó justo después.
Lo primero que me llamó la atención fue la contundencia y velocidad que imprime el duo rítmico. Los redobles del bestial Ira Elliot están mucho más presentes en el directo. Y Daniel Lorca es puro espectáculo: fuma, toca el bajo y canta coros, simultáneamente. Y cómo toca, dios, no sé si llevaba una de esas puas de dedo, pero parecía que su mano agitada sobrevolaba las cuerdas, apenas rozándolas. No me lo quiero imaginar haciendo otras cosas...
Whose Authority
Pronto empezarán a presentar el último L.P., que al parecer no tiene distribuidora en nuestro país. Con Whose Authority, Beautiful Beat o See these Bones, no recuerdan a los apologetas de guitarras sucias y austeridad que un día fueron. Con el paso de los años se han frenado y endulzando, creando piezas masticadas y reflexivas, perfeccionando armonías vocales, encadenando suaves arpegios y dejando pasillo para un teclado testimonial o complementario. También han metido temas algo más cargados, como The Fox, tirando de distorsiones, pero sin dar la espalda a las propias raíces. Personalida geek-rock y guiños al art-rock.
Clase neoyorkina y letras densas, como les gustan a ellos. No creo que ninguno de los allí presentes se supieran alguna de memoria. Yo, desde luego no.
Así que encima de buenos músicos, vas a verlos y te restriegan su alto nivel intelectual y creativo, su potencial imaginativo y su gran conocimiento de idiomas. Recordemos que Matthew y Dani se conocieron en el Lycée Français de New York, ohlala!
De hecho, el cantante Matthew Caws, que puede presumir de conservar su voz de adolescente, puede presumir también de hablar un castellano fluido, aún plagado de incorrecciones, lo cual lo hacía mucho más divertido. "De puta madrre", "esta canción tiene un partido sin palabrras", "lo mejorres, o no", "entonces no estoy muy borracho", o un frecuente "más tarrde" cada vez que le pedían Popular o Blankest Year.
Sus bailes son un poco nerd, más propios de un niño pequeño que del cuarentón que ya es. En Inside of Love, nos explicó uno de ellos para que le acompañaramos. Era un simple e intuitivo meneo lateral con algunas palmas de vez en cuando, pero tampoco te hacía sentir como un autómata.
En un momento dado, nos contó que no había podido dormir la noche anterior, porque estaba en un hotel en Palma de Mallorca, y a las tantas de la madrugada echaban un debate McCain-Obama, en la Fox (otro americano que se mete con esta cadena), y... en fin, vino a decir que estaba muy preocupado. Creo.
Era gracioso, si de cuando en cuando se atrancaba; Daniel le echaba una mano y era reñido por ello. Por cierto, el madrileño también soltó su rollo de que su concierto favorito fue uno de Queens of the Stone Age, porque había gente pero sin masificación, y se podía estar tranquilo, e ir a la barra a por un cubata, mientras disfrutabas de la música. Lo que veladamente significaba algo así como "qué poquitos estáis". Y es cierto, La Copera no estaba a reventar precisamente (un jueves no es el mejor día), pero sí había un buen 60 o 70% de aforo. Y ese % era muy cualificado; supo sacar partido a la velada.
Weightless
Beautiful Beat
Fue avanzando el setlist, y volvieron al genuino HighLow con Zen Brain y Popular, que sonaron justo antes del bis. De Popular hay que decir que es imposible seguirla porque el discurso es muy rápido, y que pierde fuerza en el estribillo, porque nadie hacía la transición entre los segmentos de la canción, de modo que siempre faltaban los primeros versos. Presumo que la culpa era de Dani, que me pareció bastante incostante en las segundas voces; igual debió ser más largo el brazo del pie de micro, o el propio pie, pero a veces el bajista pasaba de arrimarse y no se le oía. En todo caso, parece que este tío nunca cantó en una coral-
Se tomaron un descansillo, y yo me puse a pensar que los años no pasan en balde. Están mayores, y ya no tienen pinta de estudiantes. A Matt no siempre le llega la voz, de hecho en Weightless nos pidió que le ayudáramos a corear -como se puede observar en un de los vídeos-, aunque en este caso creo que una vez más sólo quería hacernos partícipes de la interpretación.
Físicamente, se les ve un poco fondones, excepto a Ira, quien a veces hacía unas locuciones curiosas aunque incomprensibles, mientras le pegaba a un cajetín eléctrico con que estaba equipada su batería.
Son profesionales de la música, llevan más de una década tocando juntos, lo hacen perfecto y se manejan en tiempos muy rápidos. Era especialmente en los finales de las canciones donde se notaba una importante diferencia entre el grupo anterior y éste. No rebosan carisma pero son simpáticos y humildes, y tienen sus momentos, ellos.
Popular
Killian's Red
Volvieron para tocar la última parte, comenzando con Matt y su Blizzard of '77 en la intimidad del acústico. Completaron la presentación del Lucky, con I Like what you Say y creo que ninguna más (hay que reconocer que no nos aburrieron con el último album). Aunque por otra parte, me pareció excesiva la sobreexplotación del Let Go, con Killian's Red, Fuit Fly, además de las ya mencionadas y alguna baladita de las lentas. A cambió, se guardan en el baúl canciones de la primera época que en su día les definieron, como The Plan, Sleep, Psychic Caramel... Del The Weight is a Gift, tocaron Always Love, pero también habría estado bien Imaginary Friends.
Y sobre todo, eché de menos algo más del marginado The Proximity Effect, que se quedó casi inédito (¿tal vez 80 Windows?) cuando en él encontramos pistas sensacionales, como Mother's Day, Amateur o Bad Best Friend, con las cuales podrían haber hecho mucho más variado un repertorio que a ratos pecó de levemente monocorde.
Como es natural, cerraron con Blankest Year, en la que invitaron al público, y éste protagonizó una instantánea invasión de escenario que quedó recogida en multitud de videos. Valga como ejemplo este, que contempla el momento del "ataque", o este otro, que permite reproducir la invasión en primera persona.
Después de hora y media larga con Nada Surf, estaba conmovido. Había ido mutando sucesivamente a través de la escala cromática por la que transcurre un setlist. Otra vez me quedó esa sensación de creer que allí, aquella noche, formé parte de la historia.
El sonido fue bueno, esto lo tienen muy controlado ellos. Aunque también un poco delicado; recuerdo que en Whose Authority me cambié de sitio para ponerme más centrado, y mis oídos perdieron totalmente la melodía.
Blankest Year
Lo que es incocebible es que, después de tantos años, este grupo haya gozado de tan poca promoción en España, a pesar del éxito que tienen en todo nuestro continente. Me agarro al consuelo de verme rodeado por mucha gente a quien, sin duda, un dia le picó la curiosidad tanto o más que a mí mismo. Y para quien la música es una parte de la vida, y de la actividad diaria. Parte de la rutina, pero nunca mera rutina.
Y también era reconfortante el que entre los asistentes hubiera una elevada presencia de chicas atractivas con las que poder celebrar que tienes algo en común.
Una experiencia, y una afición.
Por: CdelaV | Conciertos | Nos echamos unas birras, 0 concretamente | Referencias (0)

Birra con ginebra, o el Diario de Diego Jones ("porque no hace falta tener 30 años pa coquetear con la alopecia") es la libreta virtual donde espero ir relatando experiencias fruto de mi inmersión en el rock 'n roll, de la mano de una banda: ANATOLIA
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