Jueves, 03 de septiembre de 2009
(+ Dorian + Lagartija Nick)
-Fecha: Viernes 24 de julio de 2009.
-Hora: No me acuerdo. Me suena que llegamos cerca de las 10, y aquello terminó a las 1 y media aproximadamente.
-Lugar: Sala Planta Baja
-Precio: 39€.
-Fotos: Innecesarias
-Como suele ocurrir en estos casos... hay casi un vidrio para cada canción (y en algunos casos hasta tres o cuatro). Los que haya seleccionado podrán verse desde la página. Y para el resto de canciones, podrán accederse pinchando en el nombre de las mismas. A no ser que no haya vídeo, claro.
-Gracias a: martitxy, noeliacat0, mariajoo, HClon1, melerocb, Eris000, antopo976, Lehian y jomatito.
A alguien podría llamar la atención, después de tantos años yendo a conciertos, y sobre todo, después de tanta crónica y tanta leche, no haber visto en mi página muchas reseñas de grupos de renombre, de categoría internacional. No muchas, por no decir ninguna o casi ninguna.
Esto se debe a que, por un lado, no llevo realmente taaaaantos años yendo a conciertos, y menos en proporción a mi edad. Por otro lado, siempre me han ido más los bolos rutinarios de cada semana, de los que tan bien provistos estamos, por lo general, en esta ciudad. Y me gusta más hacer crónicas de estos (de hecho, creo que es algo que me caracteriza), puesto que los otros ya nos los cuentan en la prensa, ¿no?
Amén de otros factores más abstractos, o mismamente la mera casualidad, que entre todos han provocado, no ya que no haya encronicado muchos conciertos grandes, sino que sencillamente no he estado en muchos. Sería complicado para mí hacer una digna relación de ellos. Y tendría que retrotraerme. Mucho.
Mi primer concierto, un rara avis en mi caso, fue uno de Celtas Cortos en el Palacio de Deportes, en el año 94. El recinto estaba medio vacío, y el sonido en mi recuerdo es bastante malo. Otro día lo cuento.
Pasó mucho tiempo antes de nuevos encuentros con la música en directo. En el 99, ví a Bunbury y Julieta Venegas (una de mis primeras crónicas, aunque es más bien un relato corto). Más recientemente, he visto a Barón Rojo, a Joe Satriani, a Nada Surf... en fin, no sé bien cuáles seleccionar. También he visto a Lapido, unas cuantas veces, he visto a Maga, he repetido con Julieta, he visto a Zahara, a Vetusta Morla, y a estos últimos juntos en el Ou Yeah Festival. Bueno, y por supuesto, también he estado un montón de veces en el Zaidín. Saratoga, Obús, los hermanos Auserón, Planetas, Rosendo, Macaco, Burning...
Pero sin duda, si he estado alguna vez en un concierto de categoría mundial y universal, de esos por los que merece la pena vivir, ha sido sin duda el de Paul McCartney en Madrid en el 2004. Una de las experiencias que, un tiempo después, me animó a empezar este blog, experiencia que a este paso parece que me voy a llevar a la tumba. Cosa que tampoco me desagradaría en exceso.
Antes siquiera de comprar la entrada para Placebo, ya sabía que sería lo más parecido a lo de Paul, que yo hubiese vivido hasta la fecha. El segundo escalafón de mi ranking particular. Así pues, merecía la pena. Al menos, para mí.
Igual que a Madrid, fui en compañía de mi primo Pepe Birra con Ginebra ("el auténtico, no acepte imitaciones"). Aún quedaba luz del día, y ante nosotros se ofrecía un curioso panorama en la superfuturista plaza de toros de Atarfe. A través de la bocana de entrada podía verse y oírse a Dorian, sin dificultad. Sería una exageración decir que había más gente de botellón junto a la puerta, que dentro del recinto. Pero tampoco había mucha menos.
Los barceloneses Dorian, nos trajeron su electropop naïf y un poquito pringoso, con reminiscencias ochenteras. Recuerda inevitablemente a Alaska, OBK, y otras de nuestra colección de cosas con k.
Los cogí a mitad de actuación, y en ese momento tenían a un reducido grupo de fieles frente a ellos.
Está claro que se creen lo que hacen. Le pusieron ganas, aunque al cantante no le sobra voz. Pero goza de un timbre difícil de encontrar, que da vida a las canciones... cuando graban, claro.
Voluntariosos, al final, con Cualquier otra parte, reclamaron el apoyo del público, sin demasiada respuesta. No obstante, en términos generales, me dejaron una grata impresión. Por lo menos los intrumentos les sonaban bien, a pesar de que la guitarra por momentos era de atrezzo.
Lagartija Nick es otro de esos grupos granadinos históricos, que vio nacer la década de los 90. Aunque el que suscribe conoce muy poquito de ellos, me consta que su mejor bagaje data de aquella época, con discos muy bien valorados, y especialmente con Omega, el proyecto que llevaron a cabo con Enrique Morente -y en este caso sí he podido comprobar que es simplemente fantástico-.
Antonio Arias, el alma del grupo, gracias a su gran talento y vocación vanguardista, ha llegado a convertirse en una figura básica en el panorama musical de nuestra ciudad, al margen de la simpatía personal que pueda no-despertar, de los errores que como profesional haya podido cometer, o de que su voz pueda agradar más o menos (a mí, de hecho, no me agrada mucho) (ni su camiseta, tampoco). Toda su reputación se la ha ganado a pulso, en todos los sentidos.
De cualquier forma, y aunque sus fans se empeñasen en lo contrario, hay que admitir que aquella noche no fue la buena para escuchar a Lagartija Nick. Ni la sonorización era decente, ni ellos parecían muy concentrados en lo suyo. Salvo la extraordinaria batería de Eric, que no decayó en ningún momento. Ya había entrado bastante gentecilla, y lo cierto es que nunca en mi vida había oído tantos comentarios negativos a mi alrededor, durante y después de una actuación.
Y no sin algo de razón, porque lo cierto es que el sonido era francamente sucio y turbio. Yo he escuchado El shock de Leia y me parece un disco muy luminoso, sin embargo en Atarfe casi todas las canciones parecían noise-punk. Se salvaban algunas de las últimas, como Carmen Celesta o Lo imprevisto.
Ojo, no olvidemos que la mayoría estábamos allí por Placebo, y dudo que fuese la situación ideal en la que una gran masa pudiese verse seducida por Lagartija Nick. Definitivamente, confío en poder verlos de nuevo, en circunstancias un poco mejores, y cuando yo mismo sepa un poco más sobre ellos. Por su trayectoria, no son un grupo que pueda considerarse a la ligera, o sentenciarse así de buenas a primeras. Pero hay tanto por ver y escuchar en esta vida... No da tiempo, no.
No puedo olvidar un pequeño detalle de humor malafollá, sutil e irreverente pero con poso intelectual, que tuvo Antonio nada más coger el micrófono. "Felicidades, habéis superado tres controles para llegar aquí", nos dijo. El granaíno, puto y fino.
Después de todos los teloneros, el público pegó el último arreón para ver a los anfitriones. El ruedo bullía, con decenas de personas con, ciertamente, pintas de lo más variadas, atípicas e inclasificables apelotonándose sobre la arena. Tardé no menos de diez minutos en pedir una cerveza. Y no ví tantos hombres maquillados, como cabía esperar.
Todos esperamos pacientemente, hasta que llegó el momento de emitir los primeros silbidos de desaprobación, como siempre en estos casos.
Placebo, una banda británica ma non troppo que en los 90 sorprendió al mundo, convirtiéndose en uno de los estandartes del rock alternativo mundial. Abanderados de la juventud inadaptada post-generación X heredera del desencanto grunge, germinado en la clase media de las latitudes WASP del mundo, y previamente encauzado y sindicado por Smashing Pumpkins, al otro lado del charco. Aunque a ellos les iba más el rollo David Bowie.
Con su primer disco, y especialmente con el segundo, Without you I'm nothing, eclosionaron, y ocuparon un espacio propio, creando escuela en la vanguardia del rock planetario.
Durante una década, se dedicaron a perfeccionar la criatura, y darle unas cuantas vueltas de tuerca. Con el paso del tiempo, y según Brian Molko fue decidiendo que le había cambiado la voz, dicen los expertos que su sonido perdió la frescua del pincipio, y que se volvieron un poco reiterativos. De lo segundo, no hay duda.
El caso es que, siguiendo este recorrido, Placebo llegaron a un interesante punto de inflexión, que quisieron plasmar en su sexto álbum Battle for the sun, de junio de este año. Album que presentan en esta gira que debió terminar hace poco, y al que han dotado de un cariz temático-conceptual, haciendo de él un todo con un hilo conductor y un -pretendido- significado común.
Si lo han logrado o no, sólo los años lo dirán. De eso ya se ocupan los expertos. Lo mío es el concierto, y a ello voy.
Y el concierto transcurrió efectivamente de la mano de este Battle for the Sun., comenzando con el primer track del mismo, Kitty Litter. De lo que no hay duda, y desde un primer momento se pone de manifiesto, es de que musicalmente han querido significar el carácter del nuevo L.P., con arreglos en plan sinfónico-orquestales para mejor trascender la grandiosidad de la cosa. Ritmo, vientos, informática y programación.
Porque lo cierto es que ellos siempre fueron sólo tres (guitarra-voz, bajista y batería), pero llevan consigo a una corista-teclista-violinista -rubia y bastante guapa, por cierto; se llama Fiona Brice-, y un par de tipos más (el habitual Bill Lloyd, y otro más),que desempeñan varias funciones, a saber: más coros, teclado, sintetizador, guitarra de apoyo y bajo de apoyo. Y a lo mejor había otro tío, que ahora se me olvida.
Así, con esa formación, y con esa pretensión, es como aparecieron en el escenario, delante de un tablero de leds alargado y de no más de tres metros de altura, introduciendo con el sampleado y las lucecitas habituales en estos casos... y acción, con Kitty Litter, que da otra vuelta de tuerca a un modelo característico dentro del catálogo del grupo.
Lenta, pausada, manteniendo las notas, al estilo de Without you I'm nothing, enfatizando lo tremendo del asunto mediante la voz de Brian Molko, en su versión más potente y sentida. Aunque nunca pareción muy conciertera, como arranque, funciona. Es como Bulletproof Cupid con letra. Y conecta muy bien con las pasiones desatadas en el público, y se presta a ser coreada...
Love of mine
This fortress in our heart
Feels much weaker
Now we're apart
Hay que rendirse a la evidencia. De la manera más inusitada, Placebo ha dirigido un guiño al público hispano, con eso de incluir cuatro palabras en nuestra lengua en el estribillo de uno de sus temas. En su momento me pareció una broma cuando escuché Ashtray Heart (que por si alguien no lo sabe, fue el primer nombre del grupo), pero al ver a miles de personas vociferando eso de 'Cenicero, cenicero - Mi corazón, mi cenicero' *, no dejabas lugar a dudas. Somos todos víctimas del abandono y la desesperanza. O nos hemos vuelto todos locos.
*(Porque eso es lo que cantamos. El que crea hacer o de facto haga otra cosa, se está equivocando. Y además le está propinando una soberbia y flagrante patada al castellano. Me da igual si se trata del propio Stefan Olsdal)
Con Battle for the sun desvían con ímpetu el sentido del tema anterior, salvo en el trasfondo depresivo, y en ese aire como de canción infantil que adopta por momentos. Pero es francamente difícil cogerle el punto, y creo que no han conseguido lo que con ella se proponían.
En fin, cuántos casos no habremos encontrado, en los que la canción que da nombre a un disco, es la más personal del mismo. Por no decir la más rara.
Para terminar de reproducir en el mismo orden los 4 primeros temas del L.P., llega For what it's worth, con la que de nuevo cambian de rollo, y dibujan una pintura realista con los pies sobre la tierra, en un marco cercano al electropop, dance, neo glam, y todo lo que queráis.
Buena muestra de variedad. Por un momento, Placebo parecen Depeche Mode. Y Dorian, teloneros adecuados para Placebo.
He olvidado mencionar, que en esta gira asistimos al estreno del nuevo batera del trío. Se trata de Steve Forrest, un chaval jovencísimo (20 años, cuando Brian y Stefan van por los 30 y pico), cuya incorporación parece que ha insuflado nueva energía en la banda, tras la última crisis vivida en el seno de la misma.
Admito que es contundente y espectacular en todos los sentidos. Y un portento, claro. Si no, no lo habrían metido. Y dicho esto, creo que por su culpa me han hecho la putada del siglo.
Veamos, Sleeping with ghosts es una de mis tres o cuatro favoritas. Pero resulta que un buen día pensaron que para el directo estaría bien meterle caña y doblarle el ritmo a las cuerdas y las baquetas, renombrando el tema como Soulmates. Y a mí me gustaba tal y como estaba.
Desconozco si tomaron esta determinación animados por la nueva gira, por el nuevo espíritu, por el nuevo miembro o por una amalgama de todo lo anterior, como sospecho. O si tal vez el invento es de hace más tiempo. Sólo sé que no lo entiendo, y que fue una decepción. Aunque, no obstante, disfruté del momento. Qué remedio.
De nuevo vuelta al Battle, con Speak in Tongues, canción extraña al principio, en cuanto a arreglos nada comunes de teclado y sintetizador, una ascensión paulatina, y una explosión final, en la que vuelven a ser Placebo.
Y cabe mencionar, que no sólo presentaban el último disco, sino que también aprovecharon para foguear bastante el penúltimo, Meds. Aunque con unas elecciones que no me parecen muy acertadas, como Follow the cops back home, uno de los dos o tres peros que le pondría al concierto. Por mucho que aprecies la batería y el delay, es demasiado plana para un concierto. Carece de interés, si no eres anglófono y no se te ha ocurrido mirarte la letra en casa con antelación.
Evidentemente, cada uno de los asistentes habríamos elegido un repertorio distinto. Pero hay que reconocer que, al margen de esto, el espectáculo está siendo de alto nivel, y muy profesional. Lo tienen muy preparado, estandarizado, como un recital. Hay un cierto equilibrio entre sobriedad y espontaneidad en la actuación, que transcurre con mucho ritmo. Molko, que llevaba como cinco o seis guitarras, las cambiaba casi a cada canción, a velocidad relámpago.
Por otra parte, me habían advertido de que la acústica en el Coliseo de Atarfe, no era buena. Y me habían advertido tanto, que creo que en mi subconsciente estaba mal predispuesto. Y además estaba el precedente de Lagartija Nick. Pero, creo que en abstracto, el sonido fue mucho más que aceptable. Y que cabe esperarse tal cosa de un grupo que puede permitirse pagar a los mejores técnicos del mundo. Sea cual sea el recinto en el que toquen.
De todas formas, imagino que hay opiniones para todos los gustos. Pero no tantas en esta ocasión, me atrevo a decir.
En fin, el concierto, continuaba, y empezamos con los temás clásicos, merced a Every you Every me. Por supuesto, no es la canción que yo habría elegido del segundo álbum. Y no creo que mantenga la magia del principio... pero claro, cómo se la iban a dejar sin tocar... pero no obstante, había otras... de las que lo mismo podría decirse... pero ya hablaré de esto más adelante. De cualquier forma, dadas las circunstancias, la oferta del setlist necesariamente iba a dejar insatisfechos.
Por cierto, Brian Molko vuelve instantáneamente a su peculiar entonación de antaño. Aunque lleve el pelo largo en cola de caballo, su elegante atuendo de funerario punk -a juego con la estética del disco-, no despista a nadie. Su aspecto inequívocamente vampiresco da al traste con nuestras esperanzas de hallar la eterna juventud.
Special Needs tiene poco que comentar, salvo que es la ostia. Que una parte importante del precio de la entrada se va en esta canción. Y que el teclado debió ser más audible.
Más que nunca, me di cuenta de que estaba siendo el concierto en el que más me movía, en años. (Aunque, sí, dí muchos más botes con Paul). En cuanto a mi primo Birra con Ginebra, pues iba y venía, aparecía y desaparecía como el Guadiana, no sé si andaba buscando hembras, o qué. En cierto modo, envidio a alguien que puede permanecer impasible a Placebo...
Siguieron mostrando lo último, con Neverending Why. Una fórmula ya explotada, sin ser mejor ni peor que lo anterior. Aunque otra vez nos encontramos una buena letra, un ritmo agitado y una instrumentación enérgica. Manteniendo la línea de intensidad y trascendencia. Y en conexión con la singular intrahistoria de Placebo (en este caso, por la faceta del budismo, no la de la bisexualidad).
Y vuelta a los discos anteriores, esta vez con una elección intachable: Black-Eyed, una atmósfera de engañosa positividad, que esconde una nota autobiográfica, llena de orgullo y rabia. La complicidad con el público se palpó en el momento de corear los primeros estribillos. Aunque no sean muy efusivos, Brian y Stefan parecían entusiasmados, cuando el primero alzaba toreramente los brazos, y el segundo se acercaba a regalar su bajo a una esquina del escenario, enloqueciendo al personal.
Un gran momento llegó con el lento balanceo de Happy you're gone, cuya emotividad nos llegó al alma.
Y Meds, que da nombre al penúltimo L.P., y que presumo que es una de las razones por las que éste está tan mal valorado. Supongo que para la banda debe tener un significado. Pero para el gran público, diría que se la podía haber ahorrado. Del setlist, y del propio disco, porque no parece que aporte nada nuevo o interesante.
En fin, esto demuestra una vez más, que cuando un grupo es percibido como bueno, al margen de marketing y radiofórmulas, y nos acostumbra a cosas buenas, no puede querer vendernos un producto prescindible o anodino, sin sufrir las consecuencias. Especialmente, cuando se trata de un grupo tan vanguardista.
Después de Come Undone, ya no dieron más la lata con el Battle for the Sun. Es otro tema muy del nuevo estilo, aunque las guitarras suenan más y mejor de lo habitual. Eso sí, manteniendo siempre la idea de que a esta gente no le van los solos. Sí las distorsiones.
A continuación, dos paradas obligadas. Special K que aunque se parece a creaciones precedentes en el tiempo (Bruise Pristine, por citar), tiene un noséqué que la hace especial. Valga la redundancia. Y la adictiva Song to say Goodbye, lo mejorcito del Meds. Como es natural, con ella se despidieron.
Evidentemente, aún nos quedaba por escuchar un bis. Este incluyó tres canciones que, imagino, suelen ir destinadas a este fin. Infra-red, muy sintetizada, con gran aceptación popular. Además se aprovecharon de las ganas que teníamos de que volvieran.
A continuación The Bitter End, que también me la han cambiada, pero bueno. De todas formas encuentro que está sobrevalorada.
Y por último, Taste in Men, otra aventura de Placebo coqueteando con la rave party, y que creo que es la opción más extraña que jamás me haya cruzado como colofón para un concierto. Si bien es cierto que no hay nada usual en Placebo. Pero personalmente me parecía más adecuada para empezar que para terminar.
Acabaron, y ante mi total incredulidad, encendieron las luces y empezaron a desmontar. Incrédulo por dos razones: porque todavía no asimilaba lo que acababa de ver, y porque me parecía corto lo que acababa de ver. La duración no llegó a los 90 minutos, y por ese lado me quedó un sabor agridulce. Señor Molko, por el mismo precio, su compatriota el ex-beatle me ofreció dos horas y media de concierto. Y eso con sesenta y dos años...
Por otra parte, en sólo media hora más habrían tenido tiempo de tocar algunos de sus temas más conocidos, como por ejemplo Nancy Boy, This Picture, You don't care about us, Slave to the wage o Pure Morning (difícilmente perdonable). Asímismo, podrían haberse acordado de alguna más de mis favoritas: 36 degrees, Teenage Angst, Commercial for Levi, English Submarine (English Summer Rain, eh)...
Pero bueno, lo más significativo fue el hecho mismo de vivir una experiencia única, con una banda que ofrece calidad sonora de máxima categoría. Y por encima de todo, personalidad. Ya la estarían perdiendo si no eligieran libremente y sin presiones su propio repertorio.
Aunque, puestos a fardar de personalidad, si se trata de hacer algo inesperado, el día que toquen en vivo Something Rotten, los van a dejar a todos a cuadros. Y quizás, también, aburridos, sí.
Cuando echaba una mirada a mis espaldas, me daba la impresión de que el graderío estaba demasiado poco poblado, para la magnitud del evento. Mala fecha, sin duda. En cualquier caso, quienes allí estuvimos, disfrutamos de un rato aislados del resto del mundo, disfrutando de un talento universal. Un sueño del que cuesta despertar.
Existe la posibilidad de escuchar íntegro uno de los conciertos de esta gira, en concreto el que dieron en el BBK Live de Bilbao, ofrecido por RTVE. El setlist es exactamente el mismo, y en el mismo orden.
A destacar también, que dos días después del concierto de Atarfe, tocaron en Cartagena, en el MTV Murcia Day. Pero desistieron cuando sólo llevaban cinco canciones, al parecer por graves problemas de sonorización. Esto ocasionó un notorio escándalo.
Bueno, y al final de toda la película,¿cuál se supone que es la idea que se esconde tras Battle for the Sun? ¿Dónde está el 'mensaje'?
Bien, es complicado de decir... Si tuviera que mojarme, y observando todos los factores a tener en cuenta, me decantaría por algo de carácter sentimental-existencial. Del estilo de
"Después de todo este tiempo tiempo, ahora por fin sabemos quiénes somos
aunque también sabemos que nunca nos encontraremos del todo.
Pero no obstante aquí seguiremos. En la búsqueda."
Y seguro que me equivocaría.
En todo caso, ellos han acertado.
Porque, musicalmente, nunca fueron tan permeables.
Por: CdelaV | Conciertos | Nos echamos unas birras, 4 concretamente | Referencias (0)
pablo | 03-09-2009 15:33:11
ColegadelaVega | 03-09-2009 16:50:18
Lagartija Nick tienen varios discos a gran nivel, pero a mí me gusta sobre todo uno, grabado en su época dorada cuando ficharon con una discográfica de las grandes(Sony creo). Se llama SU y en sencillamente un discazo de rock. Te lo recomiendo encarecidamente.
Juanma | 04-09-2009 21:41:19
Pues nada Juasman, ya me lo pasarás si lo tienes cuando nos veamos. Si nos acordamos.
Es que el Lagartijo es difícil de conseguir en modo piratoso...
ColegadelaVega | 06-09-2009 02:03:14

Birra con ginebra, o el Diario de Diego Jones ("porque no hace falta tener 30 años pa coquetear con la alopecia") es la libreta virtual donde espero ir relatando experiencias fruto de mi inmersión en el rock 'n roll, de la mano de una banda: ANATOLIA
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